NOTA DE OPINIÓN: "LOS MAHIQUES: SOCIEDAD JUDICIAL" (Por de Ezequiel Arauz Pérez (*)

Ezequiel Arauz Pérez
Nota de opinión: Era un secreto a voces: el Poder Judicial, especialmente el fuero federal que opera desde los tribunales de Comodoro Py, responde de forma directa a intereses económicos y políticos. Sin embargo, la sospecha quedó evidenciada para siempre cuando salieron a la luz los chats del grupo “Los Huemules”. Jueces, fiscales, funcionarios públicos y altos directivos del Grupo Clarín se reunieron en la Patagonia —más precisamente en la estancia de Lago Escondido— y crearon un canal de Telegram con ese nombre para coordinar el viaje y, posteriormente, intentar ocultarlo. Lo que realmente fueron a debatir allí adentro seguirá en las sombras.

Además de Carlos “Coco” Mahiques - patriarca de esta influyente familia judicial - y su hijo Juan Bautista Mahiques - por entonces jefe de los fiscales de la Ciudad de Buenos Aires -, la comitiva estuvo integrada por el juez federal Julián Ercolini (uno de los que condeno a CFK); su colega Pablo Cayssials (quien intervino en varias causas sensibles para Clarín) y el juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola. Junto a ellos viajaron el entonces ministro de Justicia y Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro; el empresario especialista en campañas digitales Tomás Reinke; y el exjefe de legales de la SIDE, Leo Bergroth.

En ese momento gobernaba el país Alberto Fernández y el Frente de Todos; un experimento político fallido cuyo mayor logro se redujo a derrotar contundentemente a Mauricio Macri en las elecciones de 2019. Lo que siguió después fue una gestión errática y sin una dirección clara, entre los efectos de la pandemia y una sequía histórica y la inédita realidad de un gobierno peronista bajo el cual los trabajadores formales caían por debajo de la línea de pobreza.

En los inicios de su administración, Fernández explicaba con soltura que la justicia iba a “depurarse” sola. Con su estilo característico, hizo bandera y virtud de la propia impotencia, a pesar de haber diagnosticado con bastante precisión las falencias de ese entramado judicial. Sobra señalar que dicha depuración nunca llegó. Al contrario, hoy asistimos a un proceso exactamente inverso: la consolidación y el empoderamiento diario de estas estructuras.

Para cuando se concretó aquel polémico viaje a las tierras en manos extranjeras de Lago Escondido, ya se ejecutaba la etapa culmine de la persecución judicial contra Cristina Fernández de Kirchner. Una estrategia cuyos ribetes - amenazas, testimonios amañados, presiones e irregularidades - se ventilan con escaso eco mediático en las audiencias de la "Causa Cuadernos". El objetivo fue apartar de la escena democrática a una líder popular de su magnitud.

Tampoco generó el escándalo necesario ver cómo periodistas de Clarín apretaban gente de forma sistemática en complicidad con miembros de los servicios de inteligencia y con el propio diario como herramienta, o que comunicadores famosos pusieran al aire informes elaborados directamente en los laboratorios del espionaje ilegal y armaran mesas nocturnas para instalar versiones. Se trata de fenómenos que parecen inconexos, pero que responden a una misma matriz operativa.

En ese derrotero, la escapada clandestina a Lago Escondido ocurrió apenas un mes antes del intento de magnicidio contra la expresidenta. La deficiente investigación posterior comenzó de la peor manera: con el “borrado” del teléfono celular del atacante, Fernando Sabag Montiel. A partir de allí, el expediente marchó tal como la "mesa judicial" pretendía: a paso lento y sin avances sustanciales sobre los autores intelectuales o financistas del atentado.

En este escenario de degradación institucional, el inesperado gobierno del outsider Javier Milei desembarcó con la promesa de llevarse todo puesto y combatir a "la casta". Sin embargo, a poco de andar, el presidente, su hermana Karina, el vocero Manuel Adorni y su entorno más íntimo - a excepción no casual de los Menem y Patricia Bullrich - se encuentran enlodados por resonantes sospechas de corrupción.

En tal escenario, potenciado por la impotencia y la complicidad del congreso, la familia Mahiques continúa diseñando - lapicera en mano - el Poder Judicial del futuro, ocupando las instancias más estratégicas de la República a través de una arquitectura jurídica que trascenderá cualquier plazo electoral.

Hubo un tiempo, lejano pero no tanto, en que la joven democracia argentina simulaba aspirar a una justicia independiente y ajena a las lógicas partidarias. Incluso durante el menemismo, cuando el riojano estructuró una Corte Suprema adicta y la opinión pública conoció la famosa servilleta con nombres de Carlos Corach, la simulación discursiva se sostenía en el debate público. Toda esa simulación terminó.

Hoy, Comodoro Py, el fuero federal, los "Huemules" de Clarín y los grandes grupos económicos reinan sin controles democráticos ni legitimidad popular. Hacen y deshacen a su antojo en un país que cede soberanía a velocidad récord y sin comparación histórica posible.

“Está crujiendo la democracia”, me decía el obispo de Quilmes, Carlos Tissera, en una entrevista reciente. La destrucción no comenzó ahora. El llamado Poder Judicial viene siendo utilizado de forma sistemática para inclinar la balanza en la disputa por la renta nacional a favor de los poderes concentrados.

En una Argentina que cada tanto y en ciclo aspira a privatizar aquello que costó años y sangre construir, asistimos hoy a la privatización encubierta, pero lisa y llana, de un poder de la República. Una realidad que en otras épocas hubiera despertado una alarma social generalizada.

(*). Ezequiel Arúz Pérez, dirigente peronista, congresal provincial del PJ, de la CTA y SUTEBA.  Concejal de Uniór por la Patria en Quilmes

 

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