El Mundial tiene la capacidad de recordarnos que, más allá de nuestras diferencias sociales, económicas, políticas e ideológicas, existe un sentimiento de pertenencia que nos une y que no hace distinciones cuando llega el festejo de un gol de la Albiceleste. El clima mundialista es inconfundible: durante esas semanas, gran parte de las conversaciones giran en torno a la Selección.
SÍMBOLOS PATRIOS
Los símbolos patrios son desempolvados y, por unas semanas, no importa la edad, la profesión, el barrio o el club del que uno sea hincha, porque la bandera argentina vuelve a ocupar un lugar central en nuestros corazones. Es una forma de patriotismo espontáneo, construida desde la emoción, la esperanza y el deseo de alimentar la ilusión de aquello que todos queremos que suceda.
LAS CÁBALAS
Las cábalas, el “Elijo creer”, las coincidencias que elegimos interpretar como señales, los encuentros en plazas para ver los partidos, las reuniones de familiares y amigos y las caravanas improvisadas al finalizar cada encuentro — que nadie organiza, pero cuyo punto de reunión todos conocemos — son tradiciones que se renuevan de generación en generación. Estas costumbres fortalecen el sentido de comunidad y alimentan una memoria colectiva ligada a aquellos momentos en los que un país entero logró sentirse unido.
MUNDIAL DE 1986
Quizás algo cambió en el Mundial de 1986. El contexto argentino de aquella época, marcado por la recuperación democrática y por la necesidad de reconstruir la esperanza después de años difíciles y del reciente conflicto de Malvinas, hizo que millones de personas encontraran en la Selección un motivo para volver a creer. El fútbol apareció como un refugio emocional y como un espacio de encuentro, mientras la conquista del título terminó por consolidar un símbolo que trascendió lo deportivo.
ARGENTINA - INGLATERRA
Uno de los ejemplos más claros de cómo el fútbol atraviesa la identidad de un país aparece en los partidos entre Argentina e Inglaterra. Hay acontecimientos que marcan la historia de una nación y que no pueden silenciarse por una norma. Porque ¿Cómo silenciar mensajes que representan una identidad compartida y el legado de una guerra? Entre miles de banderas celestes y blancas, la sabana con “Las Malvinas son argentinas” representa una historia que sigue presente en la memoria colectiva del país. Aunque el Mundial no promete resolver problemas históricos, sí genera un momento en el que una sociedad encuentra una razón para mirar hacia adelante.
Porque, quizás, eso es lo que realmente significa el Mundial para Argentina: no solamente la búsqueda de un título, sino la oportunidad de volver a creer.
(*). María Eugenia Abásolo es periodista y estudiante de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes

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